
Cuando me preguntan cómo " me hice " en esta profesión, regreso a mi infancia y me veo, con cuatro años, rayando y despedazando una revista llamada " Leoplán", y que mi padre recibía. O esperando con ansiedad al chico que, semanalmente y en bicicleta, me traía "Billiken" y "Mundo Infantil". Para entonces, ya sabía leer. Y más adelante, devorando todos los libros que podía entender, de la biblioteca familiar. La biblioteca que me abría las puertas hacia mundos no presentidos, desde ese lugar lejano y alejado de todo: Invernada de Itacaruaré, en la provincia de Misiones, Argentina.
Pero no sé cuándo comencé a escribir. Creo que fue en la secundaria, con los primeros rubores; hacía poemas de amor. Menos mal que se perdieron en el tiempo: debieron ser horrorosos, cursis, y mal remedo de Bécquer o Neruda. Después seguí escribiendo poemas de amor - esos los guardo - y también cuentos, obritas de teatro, novelitas juveniles, letras de canciones, ¡qué se yo!
Pero de ahí a ver mi obra en libro impreso, pasaron muchos años; sucedieron tantas cosas!
De lo que no me olvido, es de la intensa emoción, la profunda alegría que experimenté‚ la primera vez que me publicaron un cuento; fue en el Diario "El Territorio" y el cuento se titulaba "La Navidad de Samuel" ( incluido más tarde en mi primer libro " La caza del Yasí Yateré‚"). Ese día decidí que mi segundo oficio sería el de escritora; el primero fue el de docente a nivel primario, secundario y superior.
Todavía me asombra cómo logré editar mi primer libro: en colores y tapas duras, un poco el sueño de todos los que acumulamos carpetas y originales.
Evidentemente esa fue otra puerta para entrar al mundo literario. Un mundo que me ha hecho, que me hace muy feliz, sobre todo con la producción para chicos y jóvenes.
Después se sucedieron otros: "La vaquita Mar...garita" (Plus Ultra), " Las naranjas como globos que flotaban" ( El Quirquincho); " Cuando florecen los lapachos viejos", -poemas- ; " Taller de Títeres" ( Aique); y otros en colaboración.
Y, por supuesto, " Paíto", que se está conquistando el corazón de los estudiantes, de sus maestros y profesores, y ha trascendido los límites de la provincia.
Este oficio de escribir - especialmente para niños- me sigue vinculando con los escolares, con sus padres, con los docentes. Y también me ha permitido viajar, participar en Encuentros y Congresos y conocer gente muy linda - por dentro- tanto en nuestro país como en el exterior.
Es verdad que para escribir hace falta recluirse, disponer de todo el tiempo que se necesita, leer y releer, corregir y tirar lo que no nos convence. Pero también es cierto que es preciso ver, observar, conversar, anotar y estar en continua comunicación con el mundo que nos rodea. Sobre todo eso: ver el mundo que nos rodea.
¿Yo, escritora?. Bueno. Y sí. Después de casi una veintena de libros editados, hay que asumirse. Hay que admitir que es lógico que los chicos, los estudiantes se acerquen y la miren a una como a extraterrestre. O le pregunten a la mamá: ¿y no es demasiado viejita? (al menos, el espejo aún no me dice eso) o que se crean que los escritores ya están todos muertos y vivieron hace muuuuucho.
Finalmente, creo que el oficio de escritor es hermoso. Que tenemos la suerte de poder expresar lo que otros piensan, a través de las palabras. Y a las palabras, no hay que tenerles miedo. Y que es una profesión tan válida como la del ebanista, de la vecina que teje para mantener a su familia o la del peón que transforma la tierra con la asada.
Rosita Escalada Salvo
Pero no sé cuándo comencé a escribir. Creo que fue en la secundaria, con los primeros rubores; hacía poemas de amor. Menos mal que se perdieron en el tiempo: debieron ser horrorosos, cursis, y mal remedo de Bécquer o Neruda. Después seguí escribiendo poemas de amor - esos los guardo - y también cuentos, obritas de teatro, novelitas juveniles, letras de canciones, ¡qué se yo!
Pero de ahí a ver mi obra en libro impreso, pasaron muchos años; sucedieron tantas cosas!
De lo que no me olvido, es de la intensa emoción, la profunda alegría que experimenté‚ la primera vez que me publicaron un cuento; fue en el Diario "El Territorio" y el cuento se titulaba "La Navidad de Samuel" ( incluido más tarde en mi primer libro " La caza del Yasí Yateré‚"). Ese día decidí que mi segundo oficio sería el de escritora; el primero fue el de docente a nivel primario, secundario y superior.
Todavía me asombra cómo logré editar mi primer libro: en colores y tapas duras, un poco el sueño de todos los que acumulamos carpetas y originales.
Evidentemente esa fue otra puerta para entrar al mundo literario. Un mundo que me ha hecho, que me hace muy feliz, sobre todo con la producción para chicos y jóvenes.
Después se sucedieron otros: "La vaquita Mar...garita" (Plus Ultra), " Las naranjas como globos que flotaban" ( El Quirquincho); " Cuando florecen los lapachos viejos", -poemas- ; " Taller de Títeres" ( Aique); y otros en colaboración.
Y, por supuesto, " Paíto", que se está conquistando el corazón de los estudiantes, de sus maestros y profesores, y ha trascendido los límites de la provincia.
Este oficio de escribir - especialmente para niños- me sigue vinculando con los escolares, con sus padres, con los docentes. Y también me ha permitido viajar, participar en Encuentros y Congresos y conocer gente muy linda - por dentro- tanto en nuestro país como en el exterior.
Es verdad que para escribir hace falta recluirse, disponer de todo el tiempo que se necesita, leer y releer, corregir y tirar lo que no nos convence. Pero también es cierto que es preciso ver, observar, conversar, anotar y estar en continua comunicación con el mundo que nos rodea. Sobre todo eso: ver el mundo que nos rodea.
¿Yo, escritora?. Bueno. Y sí. Después de casi una veintena de libros editados, hay que asumirse. Hay que admitir que es lógico que los chicos, los estudiantes se acerquen y la miren a una como a extraterrestre. O le pregunten a la mamá: ¿y no es demasiado viejita? (al menos, el espejo aún no me dice eso) o que se crean que los escritores ya están todos muertos y vivieron hace muuuuucho.
Finalmente, creo que el oficio de escritor es hermoso. Que tenemos la suerte de poder expresar lo que otros piensan, a través de las palabras. Y a las palabras, no hay que tenerles miedo. Y que es una profesión tan válida como la del ebanista, de la vecina que teje para mantener a su familia o la del peón que transforma la tierra con la asada.
Rosita Escalada Salvo